Somos la nueva alternativa de Formación Teológica-Pastoral que ofrece la Iglesia Metodista del Perú a la comunidad evangélica nacional y, pronto, a la región andina.
“La Tarea de la Educación Teológica”
Prólogo a la propuesta para la Educación Teológica La Iglesia Metodista del Perú en Asociación con la Fundación Herencia de Wesley, Inc.
Preámbulo La tarea de la educación teológica es central para la misión de la Iglesia. Si a una Iglesia le falta u programa de educación teológica fuerte, amplio y estable, esta iglesia estará severamente limitada para cumplir fielmente la misión de Cristo y eventualmente no sobrevivirá. La meta suprema de la iglesia es hacer conocer al Señor Jesucristo a todas las personas como su divino Salvador, para conducirlos a ser sus discípulos, y para reunirlos dentro de su cuerpo, la Iglesia. Para este fin, cada segmento de la Iglesia debe estar comprometido o sea en congregaciones locales, conferencias anuales, universidades y seminarios, las agencias de servicio social o instituciones, o incluso los hospitales cristianos, hogares y otras armas de servicio de la Iglesia. En particular, el seminario teológico es el especialista comisionado de la Iglesia dedicado a la tarea de educar a la línea frontal de educadores de la iglesia, el ministerio ordenado. En este rol el seminario asume la tremenda responsabilidad de ser el siervo de los siervos de la Iglesia.
Educación Cristiana y Educación Teológica Aunque está especializado, un seminario teológico es una institución educativa, y por lo tanto comparte con todas tales instituciones, responsabilidad, entre otras cosas, para una tarea de aprendizaje de tres pliegues: (1) Conservar y apreciar el pasado. Esto involucra inclinarse humildemente y agradecidamente ante este pasado, hallando en ella la inspiración, guía y valor para el presente e inmediato futuro, pero negándose a estar ciega o servilmente atada a ella. (2) Un conocimiento exacto, descriptivo y compuesto de la escena de la humanidad contemporánea y del mundo en general. (3) Un dominio de las herramientas, métodos y contenidos del conocimiento disponible para permitir que uno encuentre un rol creativo en el servicio al más alto bienestar de nuestra humanidad común para la gloria de Dios. Todo esto requiere no sólo una disciplina seria y honesta del individuo y de la familia humana entera, sino también una suma creativa a este legado, la preservación garantizada de que cada uno y cada generación deben asumir entera responsabilidad.
La Educación en el contexto de la Cristiandad y la Teología Cristiana, no es simplemente el entrenamiento de la mente o el desarrollo de las capacidades racionales. La educación cristiana, y la educación teológica en particular, están preocupadas en la orientación, capacitación y desarrollo de la persona integralmente. Por lo tanto, mientras la iglesia, y programas teológicos en particular, nunca deben fallar en sus responsabilidades académicas, su programa educativo, en todas sus fases, deberá buscar llevar la entera personalidad hacia el amor, fraternidad, y conocimiento de Jesucristo. Esto quiere decir que, vital y central para la educación cristiana y la educación teológica es la formación espiritual. El avivamiento Wesleyano colocó un fuerte énfasis sobre la unión de dos aspectos largamente divididas: “el conocimiento y la piedad vital”
La formación espiritual, es una parte integral de la educación teológica Cristiana, involucra moldear a las personas que están preparándose para el servicio Cristiano dentro de lo devocional y las tradiciones litúrgicas de la Iglesia; poniéndolo de otra forma, la práctica de los medios Wesleyanos de gracia deberían siempre ser centrales para la educación teológica Cristiana. Básico para la formación espiritual es continuar el crecimiento del individuo en el amor personal de Dios y la devoción para ser un discípulo de Jesucristo. El amor de Dios es caracterizado por una adoración genuina y devoción vital el cual es la fuente de suministro continuo y creciente de la vida Cristiana. La fraternidad con Dios y el prójimo, es reconocido como la relación inevitable creada cuando aceptamos el amor de Cristo, cuya cruz ha hecho de cada persona un hermano y hermana para quien Cristo murió. La salvación cristiana es experimentada sólo en tal comunidad de devoción, servicio y aprendizaje. El conocimiento básico es recibido en comunidad; y aún el conocimiento ganado en la soledad requiere ser probado y compartido en comunidad. En particular, el conocimiento de Dios es el tipo de conocimiento que requiere reconocimiento, confesión y testimonio. Para abreviar, este no es un conocimiento que puede ser reclamado como una posesión privada dentro de una tendencia optativa. El objeto del conocimiento elemental del cristiano es un Sujeto (Dios) quien hace una demanda absoluta sobre todo el conocimiento humano y todo en vida. La iglesia toda, con el seminario teológico llevando una responsabilidad especial, esta preocupada de dirigir a las personas hacia un conocimiento personal con el Dios viviente y no simplemente conducirlos a oír sobre Dios. En este respecto, las relaciones en el salón de clase de profesores-estudiantes no pueden ser sacados de la devoción y adoración. Para el seminarista y el profesor, el proceso de aprendizaje debe tomar lugar dentro de la fraternidad del amor de Dios, en una comunidad de los fieles cristianos. El seminario teológico, como el hogar cristiano, debe conocerse como la iglesia nutriéndose en el amor y el conocimiento de Jesucristo y dando fiel testimonio al mundo. Una vida comunitaria, vital y cariñosa es una necesidad de una educación teológica bien conectada.
La Teoría Estructural de la Educación Teológica Primero, administradores y profesores de cualquier programa teológico neceitan estar sólidamente enraizados y centrados en la Iglesia, y deberían demostrar un compromiso e involucramiento particular con una congregación local. Tales líderes de educación teológica no pueden esperar menos de sí mismos de lo que ellos esperan de aquellos preparándose para el ministerio cristiano. Estos líderes deberían ejemplificar una vida devocional personal honesta y consecuente y una vida de adoración comunitaria. Estas expectativas son esenciales sin tener en cuenta la disciplina que un miembro del cuerpo de profesores en particular o administrador traiga al programa de educación teológica. Además, de igual importancia, si no es que a veces es aún más importante, es el compromiso del liderazgo del seminario con los ministerios de justicia y compasión a los cuales Cristo llama a sus seguidores. El seminario debería incluso tener la voluntad de tomar el liderazgo a favor de la iglesia, en llamar a la Iglesia a testificar en estructuras y sistemas los cuales oprimen, marginalizan y causan sufrimiento sobre todos los hijos de Dios y toda la creación. El seminario en sí mismo debe siempre practicar la compasión y la justicia dentro de su propia administración, programación y en la totalidad de sus relaciones. Cada disciplina dentro del seminario, ya sea si es estudio bíblico, teológia, estudios históricos, ética o cualquiera de las disciplinas prácticas (adoración, liturgia, sacramentos, cuidado pastoral, administración, etc.) deberán evidenciar conexión en ambos actos de piedad y actos de misericordia, una regla de discipulado que Juan Wesley buscó equilibrar en la vida cristiana. Segundo, esencial para la estructura de la educación teológica es la centralidad de la Biblia para todas las disciplinas. Juan Wesley se definió a sí mismo como “hombre de un solo libro”, y ese libro fue la Biblia. Como parte de nuestra herencia cristiana, Wesley dio al pueblo llamado Metodista sus “Notas sobre el Antiguo Testamento” y “Notas sobre el Nuevo Testamento”. Todas las prédicas tanto de Juan como de Carlos Wesley, así como la escritura prolífica de himnos de Carlos Wesley, estuvieron profundamente arraigadas en la Biblia. Los hermanos fueron eruditos en griego y hebreo, los idiomas originales de la Biblia, y ellos animaron a todos los predicadores a aprender estos idiomas y leer la Biblia en sus idiomas originales. Nada menos debería ser fomentado en la educación teológica.
Tercero, básico para la estructura de la educación teológica es la sintetización de acercamientos tradicionales con preocupaciones ecuménicas contemporáneas. Hay varias formas de elaborar materiales los cuales necesitan estar creativamente relacionados el uno al otro; por consiguiente, la estructura de educación teológica requiere lo siguiente:
(1) Un amplio entendimiento de las fuentes bíblicas de las doctrinas cristianas.
(2) Un entendimiento de los desarrollos principales de la historia de las doctrinas en la corriente de la tradición cristiana.
(3) El desenvolvimiento de las implicaciones de las doctrinas para la vida de Iglesia en el mundo.
(4) Un trato justo de las contradicciones aparentes con otras doctrinas y otras declaraciones de verdad, como en las ciencias naturales y humanas.
(5) Un énfasis sobre contribuciones denominacionales o confesionales distintivas al Cristianismo contemporáneo y moderno, demostrando cómo cada orientación confesional propia del cristiano inevitablemente da color al tratamiento que uno hace de cada fase de nuestra conducta y pensamiento.
(6) Un objetivo claro y positivo. La educación teológica nunca es un estudio desinteresado, pero desde el inicio hasta el final es motivado por Dios de quien el amor y conocimiento es el fin principal de uno; por lo tanto, siempre hay preocupaciones misioneras y apologéticas de los educadores cristianos quienes siempre están tratando de relacionar de la manera más efectiva, las necesidades humanas universales y cuestionamientos a las preguntas dadas en revelación cristiana. En consecuencia la educación teológica es necesariamente contemporánea, esto es, crece fuera de contextos particulares. Incluyendo esto, debe haber apertura a las experiencias espirituales e históricas de pueblos indígenas de un país en particular; en el caso de Perú, de las culturas Quechua y Aymara. En la misma vena, un seminario debe abrazar la inclusión y la voz de todas las personas sin tener en cuenta el género, edad, etnicidad y orientación.
La Educación Cristiana para la Iglesia en el Mundo Como ya fue anotado, la educación teológica, y la educación Cristiana en general deben ser siempre contemporáneas y ambas entendidas y practicadas dentro de una variendad de contextos. Esto implica una cierta preocupación e identificación de la Iglesia con el mundo. Requiere de un entendimiento del mundo al cual la iglesia es enviada a testificar. Por lo tanto, ciertos aspectos de la educación teológica pueden recibir un énfasis más grande en un período y en una generación más que en otro período. En algunos años pasados se ha puesto mucha atención en la antropología (la naturaleza del hombre) y la Cristología (la persona y la obra de Cristo). Actualmente, y en el futuro inmediato, no solo existe la continua pregunta sobre la responsabilidad hacia la sociedad de la iglesia, sino la atención más grande es dada a la naturaleza esencial de la Iglesia, el Espíritu Santo, el ministerio y los sacramentos. En el Metodismo en particular parece haber un sentimiento extendido sobre la necesidad de una mayor claridad de pensamiento en esta área de la eclesiología y una fresca recuperación de la neumatología wesleyana (la doctrina del Espíritu – y según, evindenciado por la “aparición y rápido desarrollo” del Pentecostalismo en América Latina); esto probablemente debe preceder un cambio significativo en tales materias anticipadas como revisión disciplinaria con relación a la ordenación, la naturaleza y autoridad del ministerio, aún la arquitectura y la música. Seguramente, la Iglesia toda deberá prosperar grandemente por este avivamiento teológico, contextual y contemporáneo el cual muchos consideran la más grande creatividad en cuatrocientos años.
La Responsabilidad Mutua de la Iglesia y del Seminario Finalmente, una palabra muy importante acerca de las responsabilidades mutuas del Seminario y la Iglesia: el Seminario esta relacionado con la iglesia como un miembro de una familia. Se espera que la Iglesia, la cual nutre nuestra salvación, alistará a los candidatos para el ministerio y proveerá los recursos materiales para su mejor posible preparación educativa. La Iglesia es la autoridad paternal y dura crítica del seminario, pero también proveerá una medida de confianza en el seminario que esta siendo fiel a la Iglesia y a las tareas que se le ha comprometido. En verdad, la iglesia y el siminario deben estar constantemente enlazados en una dialéctica de criticismo mutuo, confesándose el uno al otro este siempre necesitado servicio bajo el juicio y misericordia de la Palabra de Dios. En esta parte, el seminario nunca puede olvidar que es sierva de la Iglesia. La comunidad del seminario esta dedicada al servicio de la iglesia en esta tarea esencial de preparar su ministerio. La responsabilidad elemental de los administradores y profesores del seminario es ofrecer inspiración, desafío y enseñanzas respetables intelectualmente que provengan del fondo de la experiencia cristiana y de una convicción profunda pero humilde. Tal, por supuesto, debe estar constantemente asegurado por una completa investigación, escritura y revisión incesante de conferencias y atención diligente de los métodos de enseñanza, todo lo cual constituye un sólido conocimiento y sincera devoción hacia la verdad. Ni en el estudiante ni en el profesor, esta piedad o conocimiento se sustituye por el otro; antes, el seminario teológico es el lugar ideal para la unidad perfecta de estas dos, las cuales, según como Wesley lo puso, han estado largamente divididas. Allí hay una distinción permisible entre enseñar y predicar, pero los estudiantes y profesores de los seminarios teológicos debe experimentar el parentesco de los dos. Una teología que no puede ser predicada desde el púlpito o que no es reconocible por los pecadores como el Evangelio es escasamente legítima como dieta principal en el salón de clase de un seminario teológico cristiano. Siempre en la vanguardia de la mente del maestro del seminario está una conciencia armónica penetrante sobre las circunstancias en las cuales los ministros sirven. Además, en lo más hondo del corazón de un estudiante de seminario debe yacer el compromiso de ser un hijo o hija fiel de la Iglesia y, por la gracia de Dios, un ministro útil. Idealmente el seminario es la simiente para el desarrollo espiritual e intelectual de toda la Ilesia. Debe ser un profundo depósito de puro conocimiento filtrado y de experiencia refrescante, pero no un almacén de respuestas autoritarias y técnicas garantizadas. Antes bien, arrodillándose continuamente ante el Cristo viviente, el seminario debería ser una comunidad donde todos los recursos de fe sean confrontados por los misterios de Dios, para que los estudiantes y profesores juntos, según que ellos vivan por la gracia y la verdad dada en Jesucristo, se reconozcan ellos mismos como miembros peregrinos en la Comunión de los Santos.
(*Este prólogo al proyecto de educación teológica para la Iglesia Metodista del Perú ha sido preparado por L. Elbert Wethington, B.A., B.D., Ph.D., anterior Profesor y Responsable de Doctrina Cristiana, Union Theological Seminary, Manila Filipinas; and Expresidente de la Fundación Herencia de Wesley, Inc.; y por Mark Wethington, B.A., M. Div., Ph.D., pastor Metodista Unido por veintisiete años, Exprofesor adjunto de Duke Divinity School y actual Presidente de la Fundacion Herencia de Wesley, Inc. - padre e hijo respectivamente).